Con la propiedad que tienen los grandes que son capaces de llenar solos un escenario y sin más adornos que ochenta y pico años de vida, Asunción Balaguer llega hoy y mañana con “El tiempo es un sueño”, bajo la dirección de Rafael Álvarez “El Brujo” y Antonio Machado de fondo. Para quitarse el sombrero.
—Pero usted no para de hacer cosas.
—No paro, no. A las cuatro comienzo los ensayos y por la noche cojo el tren hasta Coruña. De momento, puedo. Hace un tiempo estaba muy cansada por el musical “Follies”, que estrenaremos en febrero. El espectáculo, dirigido por Mario Gas, incluye actores, orquesta, coro y bailarines.
—¿Y cuál es el papel que interpreta?
—Es una especie de ópera moderna donde hago de corista vieja en un teatro a punto de ser derribado. Allí se celebra una fiesta con todos los que han pasado por el y yo soy la mayor pero también están Vicky Peña y Carlos Hipólito. Hay catalanes y castellanos, de todo. Está precioso.
—Para venirse a A Coruña a hacer de usted misma. ¿Eso es fácil o difícil?
—No sé qué decirte. Es otra cosa distinta. Cuando uno interpreta un personaje hace de otra persona y aquí soy yo comunicándome con el público, hablándole de cuando empecé. Después está el trabajo de Rafael Álvarez, que le incorporó poemas de Antonio Machado con muy buen gusto. Y yo les cuento cómo es mi familia, el teatro y de cuando conocí a Paco.
—Él estará muy presente en la obra, ¿no?
—Sí. Es mi vida. El monólogo deja momentos muy sinceros y próximos y a mí me gusta mucho estar con el público.
—Dicen que los grandes lo confirman solos encima del escenario.
—No sé si es cosa de grandes pero verdaderamente es un placer porque el público es muy generoso y esto potencia mucho el espectáculo y te hace ser más sincera; sobre todo, el gallego, que es muy cariñoso. Recuerdo que cuando fui con Paco a un rodaje a Ferrol, las señoras me invitaban a tomar café en sus casas.
—¿Le gustaba acompañar a Paco en los rodajes?
—Siempre, y últimamente más. Cuando éramos mayores iba siempre con él porque no tenía que cuidar de los hijos, pero también recuerdo de pasar con los niños grandes temporadas en el extranjero. Paco fue un hombre muy generoso.
—Y ahora, ¿cómo se siente?
—Muy feliz y solo puedo dar las gracias por seguir comunicándome con la gente. Quién me iba a decir que iba a hacer de corista y a salir por la pasarela a mis ochenta y pico años. Soy muy feliz de volver al teatro a cantar y a bailar claqué.
—Pero esto tiene que ser muy complicado.
—Es difícil, pero con empeño todo se consigue. Al principio me dolían las piernas pero fui a una farmacia y me dieron un remedio. Ahora estoy estupenda.
—Además de iniciarse también en la producción de espectáculos.
—Sí, produje algunos recitales con Liberto y un cuento de Colette titulado “La luna de lluvia”, que no tuvo mucho éxito pero que a mí siempre me impresionó porque es de una mujer que está también muy en la vida. Algún día la volveré a retomar.
—Pero poca gente puede seguir su ritmo.
—Pero es que en casa no te dan nada. Hay que salir y estar en el mundo. Los mayores necesitamos hablar y mientras estemos bien de salud, hay que aprovechar.
—Está colgado un corto suyo muy bueno en internet. Se titula “La gran osa”.
—¿Sí? Pues todavía no había tenido la oportunidad de verlo. Hace poco he hecho uno en Zaragoza sobre una mujer que está sola en Navidad. Tengo que ponerme con internet pero es que no aprendo y me complico mucho. Sigo esperando a que venga un nieto y me enseñe pero están siempre tan ocupados... (risas).
—Una familia que sigue sus pasos y los de Paco.
—Liberto sí pero su hermana, aunque reunía muy buenas condiciones, no tenía paciencia para los cástings y acabó siendo profesora de yoga. Lo hace muy bien. Yo voy a sus clases porque la gimnasia es muy suave y para nuestra edad es perfecta.
—¿Cómo ha sido trabajar con Rafael Álvarez “El Brujo”?
—Estupendo. Le fui a ver porque quería que me llevase los recitales y él me dijo que pasara una o dos veces por su casa y que le contase mi vida. Así que me grabó y se quedó con el texto para darle forma. Después me preguntó qué obra de teatro me había impactado cuando era joven y le dije: “El tiempo es un sueño” porque su protagonista vive todo lo que sueña y, de alguna forma, a mí me pasó lo mismo que a ella. Cuando la fui a pedir al Instituto del Teatro me di cuenta de las muchas coincidencias que había en la pieza porque su padre también era músico igual que mi madre, que tocaba el piano y me introdujo en el teatro.





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