Drama en el orzán adrián trataba de ayudar y se salvó por poco
La de los tres policías que arriesgaron su vida no fue la única hazaña que tuvo lugar en la madrugada de ayer en el Orzán. Además de los compañeros de los agentes desaparecidos y los jóvenes que estaban en la playa, otros ciudadanos colaboraron en el rescate del estudiante eslovaco. Es el caso de Adrián Doce González, de quien en un principio se pensó que también formaba parte del grupo de universitarios, pero en realidad se había acercado a la playa al oír los gritos de socorro. Vive para contarlo. Relataba ayer su traumática experiencia después de recibir el alta en el Chuac ya por la tarde.
—¿Cómo se vio implicado en este trágico suceso?
—Yo estaba de marcha por la zona del Orzán y me dirigía al local donde trabaja un amigo cuando escuché gritos. Entonces vi a los policías que estaban diciendo “vamos, vamos que se están ahogando” y señalaban a un grupo de chavales que estaba en la playa.
—Entonces, ¿no formaba parte de ese grupo de estudiantes, como se pensó en un primer momento?
—No. No los conocía de nada. Solo me acerqué a la playa porque escuché todo el jaleo.
—¿Qué se le pasó por la cabeza en ese momento?
—No pensé nada. Cuando te ves en una situación como esa, en lo único que piensas es en ayudar.
—Pero en ese momento el mar estaba muy peligroso, teniendo en cuenta que había alerta naranja, ¿no le impuso un poco?
—Muchísimo. Las olas eran enormes y nada más alcanzarte te arrastraban. En aquel momento, el agua parecía un monstruo.
—¿Pudo ver a los agentes desaparecidos mientras colaboraba en el rescate?
—Creo que sí, pero muy poco tiempo. Estaba todo muy oscuro y uno de los policías se fue para el lado contrario y desapareció. Luego intentamos sacar al otro, pero se me escapó de las manos...
—También su vida correría peligro.
—La verdad es que sí, porque casi nos fuimos el policía que estaba conmigo y yo para adentro, así que intentamos salir tan rápido como pudimos.
—¿Se lo llevaron al hospital en ese mismo instante?
—No. Me quedé un rato para ayudar en la playa, hasta que no pude aguantar más y me subieron a la ambulancia.
—¿Qué tal se encuentra ahora mismo?
—Físicamente bien. Pero psicológicamente es muy duro, porque es difícil sacarse de la cabeza la imagen de una persona que se la lleva el mar para adentro y no puedes hacer nada.
—Como civil, actuó con mucho valor.
—En ese momento, da igual si eres civil o policía; lo único que quieres es echar una mano.






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