20:55 h. Viernes, 31 de octubre de 2014

 

El vuelo 134 del Globo triunfa sobre el viento para agigantar su leyenda

| Actualizado 17 Agosto 2012 - 04:12 h.
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Tras una dura punga con el viento, que trataba    de impedir que el Globo se hinchase para emprender el vuelo, los más de 50.000 testigos vieron como se alejaba hacia el cementerio	Patricia G. Fraga
Tras una dura punga con el viento, que trataba de impedir que el Globo se hinchase para emprender el vuelo, los más de 50.000 testigos vieron como se alejaba hacia el cementerio Patricia G. Fraga

El vuelo 134 despegó, sin destino conocido, a las 00.23 horas de la “terminal” de García Irmáns, no sin antes librar y vencer una dura batalla con el viento que dificultó la maniobra de inflado. Betanzos se echó a la calle para celebrar su día grande, y los brigantinos, que insisten en que, por encima del espectáculo que reúne a miles de personas está el sentimiento de una ciudad entera, renovaron, no sin nervios, su profesión de fe a San Roque.

Cuenta la leyenda que, de entre todos los lugares del mundo do Joseph-Michel y Jacques Étienne Montgolfier, los inventores del globo aerostático, pudieron escoger para perpetuar su hazaña, el elegido fue Betanzos. Tenía todo lo que ellos, hijos de un fabricante de papel, podían pedir: una torre, viñedos como los bordeleses, gentes orgullosas e intrépidas y un joven dispuestoa a asumir cualquier reto, de nombre Claudino Pita Pandelo. En efecto, un siglo y casi cuatro décadas después, el municipio sigue rememorando la proeza de los Montgolfier. Ahora, eso sí, en versión 2.0. Ahora, con los mismos patrones y los mismos útiles que los empleados por el adolescente Pita en 1875, pero retransmitido en directo por videoconferencia y narrado vía Twitter.

“¿No notas que te han dado una palmadita en el hombro?”, previno Álvaro Cunqueiro a Jaime, el último de los hijos de Claudino. El escritor mindoniente, tan amado por los brigantinos como amante de su ciudad, estaba convencido de ser “el primero en advertir a los betanceiros que en la noche de San Roque están en la plaza, esperando la ascensión del globo, los Hermanos Montgolfier”. Según él, Joseph-Michel y Jacques-Étienne, “fantasmas doblemente voladores, se iban por aquellas colinas de viñas admirando el vuelo grave y solemne del Globo de Betanzos”.

Aunque en ninguna de las miles de cámaras que esta medianoche grabaron el despegue del aerostato “piteño” apare espectro alguno, es posible que estuvieran por allí, porque muchos de los que se acercaron hasta O Campo regresaron a sus casas tan impresionados como si hubieran visto un fantasma... O dos, los de Joseph-Michel y Jacques-Étienne. ¿Iba con ellos Claudino?. Los betanceiros dicen que sí, que incluso se saludaron en pleno vuelo, a la altura del Santuario do Camiño.

 

NOCHE Mágica

En la “noche mágica” de San Roque se conjugan ciencia ficción y realidad, vanguardia y tradición, siglos XIX y XXI. La “noche mágica” de los betanceiros se consume entre los “pachuzos” (manojos de paja de centeno impregnados en aceite) y los “chorizos” (papel engrasado) que alimentan el gigante e insuflan el aire necesario al ánimo de los vecinos de Betanzos. “¿Subió”. Es una llamda. Desde Buenos Aires. “¿Oyes a la gente?”,. Desde Bullas, en Murcia. Los betanceiros que están fuera se unen a la celebración en O Campo.

Entre fotografías y conversciones telefónicas, el globo se mueve, se inclina, engorda, pierde aire... hace sudar a Betanzos.

El “espectáculo máis grande” do mundo reunió en la plaza de García Irmáns de Betanzos a más de 50.000 personas

Los encargados de “armar” el fuego, el hombre que “se mete dentro”, los que sostienen los cuarterones... todos corren al pie de Santo Domingo. El resto de los betanceiros –que, por respeto, por edad o falta de disposición, son la mayoría– sudan, y los foráneos alucinan con el contoneo de “Roquiño”. Porque, claro, también a él le han puesto el nombre del santo que un día peregrinó a Galicia desde Francia. Como los Montgolfier...

Los accesos a la Cidade dos Cabaleiros están a reventar de coches, y las colas alcanzan las avenidas de A Coruña y de Castilla. En A Angustia, Obre y A Volta do Codo, en la carretera de Ferrol, muchos coches se detienen para ver el Globo de San Roque. “Todos los años nos quedamos aquí, y después ya bajaremos a dar una vuelta, pero ahora es un agobio...”. Son las 00.00.

“¿Qué siento a las 00.00 del 16? Buff... Solo lo sabemos los de Betanzos”. El viento sopla y el aerostato se contonea a su antojo, como presumiendo de formas, y de decoración: el Códice Calixtino, el IVA... 24,85 metros de alto y 51,5 de ancho son las medidas del Globo de San Roque. “Exactamente as mesmas que o que fixo o meu avó en 1875”, comenta Emilio Pita Varela, nieto de Claudino. En la torre, otro de los nietos, Claudino Pita Gómez, espera el momento de cortar la cuerda, su labor en el proceso desde hace más de medio siglo, y soltar de su única amarra al Globo de San Roque. “El corte tiene que ser limpio y rápido”, explica Claudino. Así se lo enseñó a él su padre, y así se lo transmite él a su hija Pilar y su nieta Natalia.

 

Futuro de la Tradición

Porque las mujeres son, según comentan, el futuro de la tradición del Globo de Betanzos. “En la generación que viene abundan las chicas”, dice otro de los Pita.

¡Ahora sí!, grita alguien en medio de la multitud que abarrota la plaza de García Irmáns. Desde el extremo opuesto, le replica un veterano: "Aínda lle queda un pouco... Hai que ter paciencia".

Los más pequeños empiezan a tener sueño, pero no son capaces de cerrar los ojos porque los han clavado en la “máquina” que, a medio hinchar, presenta una y mil figuras, más alargadas, torcida... En menos de veinte minutos, desde un plátano a una guitarra hasta que, como en las crónicas de principios del siglo pasado, adopta “forma de pera aguzada, esbelta y elegante” y hace sonreir hasta a los Irmáns García Naveira. Ellos, desde su pedestal de mármol de Carrara, tienen una posición privilegiada para seguir el proceso y los betanceiros, seguros de que en su ciudad suceden hechos imposibles, insisten en que la mano extendida de don Juan que señala O Pasatempo se mueve para despedir al Globo de San Roque.

Al gigante de papel se sube el deporte, la economía y la política local, pero sobre todo la que se hace en Madrid. Está casi erguido, cara a cara con las galerías de Os Soportais. Es cuando los constructores deciden comenzar a girarlo para que desde todos los puntos de O Campo puedan leeer los chistes que lleva en cada uno de los dieciséis cuarterones, pero él prefiere volar... reverenciar a Claudino en el cementerio y, si se tercia, saludar a los Montgolfier.

Una sesión de fuegos de artificio, recortada por la crisis econíomica, pone fin –o inicio, según se mire– a la “noche mágica” de los garelos y de Betanzos. n